LA CONCORDIA: TRES MIRADAS PARA UN ESTRENO
La Concordia: tres miradas para un estreno
Por: Jorge Piotrowski
Hay obras que nacen de una idea y obras que nacen de una espera. Missa pro Vita et Concordia, del compositor francés Julien Faure, pertenece a las segundas: sus primeros motivos surgieron hace más de una década, cuando Faure supo que iba a ser padre. Ese impulso —tan personal, tan ligado a la vida que comienza— tardó años en convertirse en partitura y solo se aceleró cuando llegó la invitación que le daría un destino: abrir, con su estreno mundial, el concierto inaugural del XV Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá.
¿Qué significa hacer concordar tradiciones, generaciones y voces distintas en un mismo escenario? Se lo preguntamos a tres personas que responden desde tres lugares diferentes de una misma obra: el compositor que la imaginó, el director que le dará forma sonora por primera vez ante el público y el director asistente musical que llevó la partitura al territorio del ensayo, trabajando con las ochenta voces del Coro Nacional de Colombia.
Tres miradas sobre un mismo objetivo. Estas son sus palabras.
Tomàs Grau
Director
Grau llega a este concierto inaugural con la clausura del año pasado todavía fresca. Ahora le corresponde abrir la nueva edición y hacerlo, además, en el aniversario de un festival que conoce bien desde el podio.
El concierto inaugural se titula La Concordia y propone un encuentro entre culturas, tradiciones y generaciones. ¿Qué significa para usted, como director, estar al frente de un concierto construido alrededor de esa idea?
Tomàs Grau: Es para mí un placer poder dirigir este concierto tan especial que inaugura la XV edición del Festival de Música Sacra. Si el año pasado tuve la oportunidad de dirigir el Réquiem de Brahms en el concierto de clausura, es un honor dirigir el estreno del Festival de este año, coincidiendo además con el aniversario del mismo. La cultura en general, y la música en particular, pueden transformar la sociedad; por esto, este encuentro entre diferentes culturas, tradiciones y generaciones es tan importante, a la vez que tan especial, poder aportar mi grano de arena.
Cuando una obra se estrena por primera vez, no existe todavía una historia de interpretación. ¿Cómo construye un director ese nacimiento de una obra frente al público?
T.G.: Cuando como director me enfrento a una partitura nueva, intento estudiarla en primer lugar desde la gran forma, descubriendo cómo está construida, para luego poco a poco centrarme en las diferentes secciones y finalmente en el detalle. Por otro lado, si la obra es un estreno de un compositor vivo, es muy importante también tener un encuentro con el compositor para entender cómo él mismo concibió la obra e intentar transmitir su idea a los músicos y al público. Y, finalmente, con toda esta información, la obra tiene que terminar viviendo dentro de uno mismo, tomando forma y personalidad, aportando una visión propia, pero siempre respetando la partitura y al compositor.
Julien Faure
Compositor
Antes de ser una misa, Missa pro Vita et Concordia fue una intuición. Faure habla de su origen sin solemnidad impostada: con la honestidad de quien reconoce que una obra puede tardar más de diez años en encontrar su forma y que ese tiempo, lejos de ser un obstáculo, fue parte necesaria del proceso.
¿Cómo nació Missa pro Vita et Concordia? Cuando recibió la invitación del Festival, ¿qué fue lo primero que imaginó, sintió o quiso expresar a través de la música?
Julien Faure: La Missa pro Vita et Concordia tuvo un proceso de creación no tan lineal, en el cual necesité tomar cierto tiempo. Fue un proyecto que empezó hace más de diez años: me doy cuenta de que los primeros motivos que surgieron coinciden con el periodo en el cual supe que iba a ser papá. Creo que, de manera inconsciente, el hecho de esperar a mi hijo despertó esta necesidad de escribir algo ligado a la vida y a la natividad. Este momento me inspiró los primeros motivos del Kyrie.
Luego pasaron varios años durante los cuales fui investigando, componiendo, escuchando… Los avances no fueron muy concretos, pero seguramente fueron muy importantes para que madurara esta idea.
Finalmente, el proceso se aceleró bastante cuando recibí la invitación del Festival. Allí me senté a plasmar todo en el papel. A pesar de la preocupación por terminar la obra y encontrar algo más de inspiración, lo primero es que la felicidad me invadió, ya que hace un buen tiempo soñaba con presentar una obra mía para el Festival.
La Concordia es un tema que resonó en mí de manera muy evidente, porque la necesitamos más que nunca, para el bien de todos, tanto en Colombia como en el mundo. Observamos el fracaso humano en todas partes, desde hace siglos, y es importante manifestar que no es el único camino. ¡No lo es! Una de las maneras que encuentro para decirlo es a través de mi música.
A nivel espiritual, creo realmente que la música es un milagro, al igual que la vida. Tienen que ver con lo infinito, con cosas que no entendemos del todo, con algo que nos supera. Y si podemos vivir, si podemos crear y compartir música, qué lindo hacerlo desde el amor y la unión. A través de esta misa, mi deseo más honesto es poder compartir algo de luz, algo de belleza a los que la escuchan. Brindar un sentimiento de armonía, de agradecimiento, de unión. La belleza es un término que puede parecer ingenuo, pero que en realidad es muy profundo y que nos eleva como seres.
Escribir una Missa hoy significa entrar en diálogo con una tradición musical y espiritual de siglos. ¿Cómo encuentra un compositor su propia voz dentro de una tradición tan poderosa sin quedar limitado por ella?
J.F.: Es verdad que uno puede sentirse hundido en un océano de posibilidades cuando escribe una misa. Uno se siente pequeño. Pequeño al lado de creadores como Guillaume de Machaut, Marc Antoine Charpentier, Gabriel Fauré, Francis Poulenc, Ola Gjeilo y muchos otros… Pequeño al lado de tanto patrimonio histórico, de tanto legado espiritual, de tanto misterio. Pero justamente, creo que está muy bien sentirse así, pequeño e ignorante. Para encontrar su propia voz, en mi caso fue necesario sentir y aceptar tanta grandeza. También necesité algo muy importante que pareciera que no tenemos: el tiempo. Eso es lo que cura, lo que hace que la vida sea.
Me parece muy interesante aceptar las distintas influencias que lo nutren a uno y hacerlas «concordar». En el mundo musical se observan separaciones que a veces no tienen mucho sentido. Esta misa tiene muchas corrientes estéticas que se amalgaman y que naturalmente llevan a hacer existir una obra, un estilo, un mensaje.
Creo que si el proceso es honesto, si es guiado por algo real dentro de nuestro ser, uno llega al lugar, uno encuentra su voz.
Jeisson Segura Herrera
Director asistente musical, Coro Nacional de Colombia
Fue Segura Herrera quien llevó la partitura al territorio del ensayo: quien trabajó con ochenta voces distintas para construir, sección por sección, el sonido colectivo que escucharemos en el estreno. Su mirada sobre la concordia es quizás la más práctica de las tres —y también una de las más reveladoras.
Un coro está hecho de muchas voces, pero su fuerza está en aprender a escucharse y respirar juntos. ¿Qué tan desafiante es construir esa unidad al preparar una obra como Missa pro Vita et Concordia?
Jeisson Segura Herrera: La Missa pro Vita et Concordia plantea varios desafíos: cambios métricos, división a ocho voces en algunas secciones, dulzura y delicadeza, así como fuerza e ímpetu. Cada una de las voces, desde sus diferencias, armoniza completamente con las demás, creando una atmósfera especial.
¿Hay algo que un coro pueda enseñarnos sobre la concordia que no podríamos aprender escuchando a un solista?
J.S.H.: Un coro puede enseñarnos que la concordia no significa que todos sean iguales, sino que personas diferentes son capaces de construir algo común. Cada voz conserva su identidad. La concordia no consiste en cantar toda la misma nota, sino en escuchar al otro lo suficiente para que nuestras diferencias puedan convertirse en armonía.
Tres miradas, un mismo estreno. Una obra que nació de la espera, que ahora busca su primera forma sonora y que llegará al público a través de ochenta voces distintas. Quizás allí reside la verdadera concordia: no en borrar las diferencias, sino en aprender a escucharlas hasta convertirlas en armonía.
El XV Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá inaugura así su edición de aniversario con el estreno mundial de Missa pro Vita et Concordia.